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Tenía relaciones con dos mujeres, mató una con hacha y la otra está grave.


EEUU– El afroamericano Jerry Brown, de 34 años de edad, con 36 arrestos y quien se declaró “loco” ante reporteros locales, asesinó a hachazos el sábado en la madrugada a la puertorriqueña Savannah Rivera de 20 , que estaba embarazada de nueve semanas y dejó su cadáver destrozado en un charco de sangre, hiriendo de gravedad con la misma hacha a la también boricua Ángela Valle de 21, amiga de la muerta, mientras versiones de vecinos aseguran que ambas mujeres sostenían relaciones sexuales con el asesino. Una niña de 4 años de edad, hija de Valle, dormía en una habitación contigua a la escena de la carnicería.

Al cierre de esta crónica, Valle, seguía en cuidados intensivos en el hospital Elmhurst de Queens, con un hachazo que le abrió parcialmente la parte posterior de la cabez, pero se mantenía estable. Un motivo para el salvaje y sangriento ataque a las dos boricuas, no ha sido establecido por los investigadores, pero se dijo que los tres mantenían discusiones frecuentes. Las mujeres eran amigas y se produjo el triángulo que desembocó en el brutal asesinato.

Investigadores filtraron a medios locales, que el cuerpo de Rivera, quedó tan partido, que sus manos no tenían los dedos y la cabeza estaba despegada del cuello. Fue una escena dantesca, digna de una película de la zaga “Shaw”, le dijo una fuente de la policía a un tabloide local. Cuando era llevado desde el cuartel a la corte, para ser instruidos de cargos por asesinato e intento de asesinato, Brown, que en sus cuenta facebook se identifica como “Grim Creepa” y cuyo pasado criminal, era alabado por Valle también en su facebook, se declaró “loco”, y se atrevió a preguntarles a los periodistas que como estaba la mujer grave, que era con la que se exhibía públicamente.

Una vecina de Valle, dijo que poco antes de entrar al apartamento, residentes del edificio, vieron al asesino visiblemente drogado. El hacha, la había comprado hace dos semanas en una ferretería de Queens, donde preguntó si podían afilarla más. El ferretero dijo que el asesinó pagó unos $40 dólares por el arma y desistió de afilarla más, al menos donde la compró. La policía acusó ayer domingo en la mañana a Brown por cargos de asesinato, intento de asesinato y posesión de armas. “Creemos que tuvo algún tipo de relación con ambas, él conocía a las dos víctimas”, dijo el subjefe de la policía en el Norte de Brooklyn Michael M. Kemper. “Este fue un ataque brutal, terrible, cruel, cruel. Ambas víctimas sufrieron múltiples laceraciones profundas”, añadió el alto oficial.

Valle, llamó un taxi de Uber al edificio 811 de la avenida Flushing a las 1:30 de la madrugada, después de recibir los hachazos. Ella sufrió un golpe mortal en la parte posterior de su cabeza, heridas en el pecho, brazos, estómago y garganta, dijeron las fuentes, y aunque pidió que la llevaran al hospital, la conductora de Uber llamó al 911. Fue capaz de decirle a los médicos dos palabras cosas antes de perder el conocimiento. Una que fue su ex novio quien la atacó a ella y a su amiga y que todavía él estaba en el apartamento del octavo piso. También dijo que su hija, Aliana, también estaba dentro del apartamento. Cuando los policías llegaron al apartamento y hallaron una escena horrible.

Una mujer yacía en el suelo de la sala. Había sido parcialmente decapitada. Algunos de sus dedos fueron cortados. Tenía también heridas en la cabeza y el cuerpo. Tenía un hijo de 3 años que se llama Sebastián, y dos meses de embarazo, fue declarada muerta en la escena. La hija de Valle fue encontrada dormida e ilesa en una habitación trasera y fue llevada al Centro Médico Woodhull para una evaluación, dijo la policía. Luego fue trasladada a una residencia privada y entregada a familiares, dijo la policía. El niño de Rivera estaba con la familia y no estaba en el apartamento durante el ataque. Los investigadores hallaron el hacha con un largo mango de fibra de vidrio amarillo que había sido tirada en un compactador de basura del edificio. El hacha, todavía estaba manchada de sangre.

Por Miguel Cruz Tejada