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Conozacan a Job García Hurtado, el joven ciego que es juez.


Para impartir justicia, Job García Hurtado no ha necesitado la vista, pues pese a tener una discapacidad, logró a base de sacrificio y perseverancia ingresar como primer no vidente a la judicatura. Después de intentar sin éxitos ser defensor público, fue motivado a ingresar en el Poder Judicial, lo cual consiguió al superar las pruebas impartidas en el concurso de oposición de la Escuela Nacional de la Judicatura. García Hurtado tuvo que romper barreras y estigmas a fin de demostrar que carecer de visión no es una limitante para avanzar. “Nosotros las personas con discapacidad somos una minoría que tenemos que luchar con nuestro entorno, y muchas veces con nuestra familia, porque mucha gente (no vidente) no pudo hacer nada porque la familia se lo impidió queriendo protegerla”, dice García Hurtado, de 34 años.

Considera que como juez se le exige más y que hay gente que se han cuestionado, así como lo han hecho, en menor grado, con los dos defensores públicos no videntes. Dice que el juez está en una posición de principalía en un tribunal, siendo el foco de atención, ya que dirige la audiencia. Expone que la persona tiene que ser independiente y luchar por lo que quiere, siendo persistente hasta lograr sus objetivos. “Nosotros utilizamos siempre, aunque uno no lo diga, el deseo de quererse demostrar uno y querer demostrar a los demás”, apunta. Entiende que la familia es muy importante para que se logre la inclusión a la escuela, además del deseo del mismo individuo de aprender, y de cómo lo tome en cuanto a los espacios que no han sido diseñados para personas con discapacidad, y la cantidad de alumnos que se aceptan en un aula.

Vocación por el derecho
Siempre quiso estudiar derecho, pero no se enfocó en la judicatura porque analiza que los seres humanos tienden a encasillarse en lo que se ha hecho. De ahí que se inclinó por defensor público, porque ya había otros dos no videntes. “Traté de entrar a ese concurso, y fue una gran decepción porque no pude probar mis conocimientos porque no pude pasar el psicométrico, yo viví un tiempo de duelo por esa pérdida”, cuenta. Al pasar el tiempo, una amiga lo anima a participar en el concurso para juez de paz, al que aplicó sin ninguna expectativa, por la decepción que tuvo en el de defensor público.

“Cuando pasé el psicométrico las cosas cambiaron, y ya era asunto de un reto que tenía por delante, había que hacerlo de la mejor manera y no me quedé lamentando”, enfatizó. Finalmente entró a la escuela de la judicatura en junio del 2014, donde logró graduarse. Su primera designación oficial fue como juez de paz en Monte Cristi, pero no llegó a ir por las necesidades que había en Santiago, donde le ofrecieron ser juez itinerante, posición que decidió aceptar. Fue nombrado en el área penal, pero luego tuvo la opción de elegir en el tribunal laboral, por lo que se desempeña como juez de paz itinerante en el juzgado laboral de Santiago, donde suple cuando falta un titular. En ocasiones, ha trabajado en la liquidación de expedientes para evitar la mora. La cantidad de expedientes que conoce depende de las necesidades que haya de suplir.

¿Cómo trabaja ‘
Para el conocimiento de los casos, durante la audiencia se auxilia del o la secretaria, que dice, tiene fe pública y lo complementa. Fuera del estrado, se apoya de una abogada asistente, principalmente para aquellas cosas que él no puede hacer. “Yo no podría leer un documento que esté en papel, debería estar en digital para leerlo, entonces yo le pregunto lo que quiero saber del documento, porque los escáneres están ahí y se hacen pero no es todo”, señala. Precisa, además, que en ese tipo de área necesita saber si un documento tiene o no un sello, como si una carta está timbrada, en fin, cosas gráficas que necesita conocer.

El magistrado suele usar gafas oscuras, las que prefirió llevar durante la entrevista realizada en su oficina ubicada en el Palacio de Justicia de Santiago, lo cual me llamó la atención, por lo cual le pregunté el motivo al final del conversatorio. El magistrado explicó que la primera razón es porque le molesta la luz, y la segunda, por estética, debido a que en algunos momentos no puede controlar los movimientos de los ojos. Tiene por costumbre usar las gafas también en el tribunal. García Hurtado se maneja muy bien en su entorno laboral, sin necesitar de mucha ayuda. Utiliza sus herramientas de trabajo, se pone su toga y birrete, va al baño y a la sala de audiencia, que le queda detrás de la oficina, y sube al estrado sin pedir ayuda. En un momento de la entrevista pidió a su asistente que le facilite un cargador de celular, al percatarse que su aparato se había apagado.